La artista María Ángela Rivero nos invita a adentrarnos en un territorio donde lo visible se vuelve símbolo y lo íntimo se proyecta hacia lo universal.

En su práctica se percibe una búsqueda constante de equilibrio entre la espontaneidad del trazo y la construcción deliberada de la forma. Los paisajes, las figuras y las abstracciones que emergen de su trabajo no se limitan a representar, sino que proponen un espacio de resonancia, un umbral sensible en el que el espectador se reconoce.

Rivero construye así un lenguaje propio, en el que el color actúa como pulsación vital y la textura como huella del tiempo. Su obra, atravesada por una profunda conexión con la naturaleza y la memoria, se ofrece como un testimonio poético de resistencia, fragilidad y permanencia.

“Pinto para entrar en contacto con la pulsación vital de la naturaleza y con aquello que, en el silencio, todavía no tiene nombre”

Sobre el artista

Es en tigre, Buenos aires, donde pase mi infancia, lugar lleno de vitalidad, donde los arroyos se desbordaban en crecientes mareas, de una vegetación exuberante y tonalidades teñidas según la estación.

Villa del lago, Córdoba, donde estaba la casa frente al lago. Allí todos los años pasábamos tres placenteros meses de veraneo familiar. Paisaje de serranías, de piquillines, peperinas, la brillante mica que afloraba entre las rocas, alguna que otra iguana, los dientudos y percas que bailoteaban en los cristalinos arroyos.

Fueron estos dos lugares, donde tuve la bendición de poder absorber las vivencias sensibles, descubriendo el mundo a través de la naturaleza.

El inagotable contenido vivenciado surge espontáneo en la obra. Experimento con distintos medios, ellos hacen que el gesto tenga firmes trazos: barras al óleo que hago en el atelier, pigmentos, acrílicos, óleos. Todos ellos sobre el soporte de lienzo crudo, seguido por una intervenida imprimación que aflorará en la obra.

Estudié en la escuela de bellas artes «Prilidiano Pueyrredón», pero fueron tres grandes maestros, con sus enseñanzas y vivencias los que me formaron: Miguel Ángel Vidal, Kenneth Kemble y Guillermo Roux.